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(Foto: Sebastián Criado)

Hugo se sentó a tomar un café en un bar de una esquina de la ciudad. Era casi medianoche. La voz de una persona lo apartó de golpe de sus pensamientos. Otro hombre, robusto y que tendría unos 60 años, le hizo señas para que se acerque. Necesitaba hablar con alguien y lo invitó a compartir su mesa. Mientras terminaba su copa de vino le dijo: “Le voy a contar una historia que usted a lo mejor no conoce… es sobre los túneles de Rosario”. Hugo, entre sorprendido y desconfiado, no pudo más que dejarse atrapar por este relato que hoy recuerda a medias por las malas pasadas que le juega la memoria.

El extraño era un ex comisario. “En la ciudad existen muchos túneles, la mayoría dan al río, y no siempre fueron utilizados para buenos fines”, le contó el policía y agregó en un tono más grave: “En un momento sirvieron de vía para el contrabando hacia barcos veleros, tenían paredes dobles en donde los delincuentes escondían muchas cosas: armamentos, mercaderías y muchas cosas más”.

Mitos, leyendas, relatos orales. La ciudad está llena de ellos. En cada esquina, en cada bar, en cada banco de plaza. Por años recorrieron esta Rosario que a veces esconde quién sabe qué secretos. Historias que viven y se enriquecen con el boca en boca, a las que cada narrador le pone sus condimentos. Verdad o mentira, imaginación o realidad. Todo depende de la lupa que se use para mirarlos, para vivirlos o disfrutarlos. Cada uno elije.

El Movimiento Rosarino de Narración Oral (Moronao) es uno de los pocos grupos de esta urbe que se dedica a recopilar este tipo de relatos. Uno de ellos llegó hasta Lidia Vives, una de sus integrantes: se trata del túnel que aseguran existe entre los antiguos almacenes Rosental, ubicados en la Bajada Sargento Cabral y calle Urquiza, y que llega hasta las riberas del río. Muchos afirman que fue utilizado por mafiosos para el contrabando, pero…

“Los obreros que participaron hace tiempo de unas remodelaciones en ese inmueble afirmaron haber escuchado quejidos espeluznantes y haber visto sombras sospechosas que desaparecían en las huellas de las paredes que mostraban una especie de puerta tapialada”, contó Lidia hace unos años y agregó: “No existe investigación oficial sobre esto, pero tampoco nadie desmintió todas estas versiones”. Los trabajadores se encontraron con construcciones subterráneas, como una casa antigua que terminaba en un extenso túnel. La superstición quedó instalada, incluso mucho tiempo después de terminadas las obras.

Esta historia se fue tejiendo de boca de distintas personas y Lidia le encontró una explicación racional: “Todo esto tiene que ver con el rumor, con la sensación que crea la leyenda urbana, esa construcción popular que empieza a agrandarse por un hecho concreto que a veces se pierde de vista. Los temores que creó la mafia se terminan justificando con estos relatos”. La narradora oral aseguró además que la leyenda es una necesidad para los hombres, porque le da su espacio a lo mágico, a lo mitológico. “El relato oral es lo más cambiante que existe, por un lado uno intenta reproducir lo que le dijeron y por el otro no se puede evitar agregarle lo propio”.

No es útil en estos casos pretender encontrar fechas ciertas, precisión en los datos y mucho menos pruebas. Muchas veces el tiempo real no existe en estos relatos y épocas muy distantes se mezclan para desesperación de historiadores prolijos y estructurados.

Mientras algunos defienden con garras y dientes sus creencias sobre fantasmas que quieren escapar de esos escabrosos túneles y mafiosos que transitaron ese mundo subterráneo para llevar adelante sus fechorías, otros se empecinan en sacarles las vendas de los ojos, muchos no terminan de definir su opinión sobre esto y unos pocos guardan la verdad en un cajón, celosos de que alguien más pueda sacarlos a la luz.

Una parte de la realidad es que muchos de estos túneles que terminan a las orillas del Paraná fueron construidos tras la llegada de las vías ferroviarias a Rosario.“Éstas fueron obras de infraestructura del ferrocarril, la etapa que va desde 1850 a1930 mostró en la ciudad un movimiento y crecimiento inmobiliario urbano impresionante, entonces se comenzaron a usar estas vías subterráneas”, explicaba el arquitecto Gustavo Fernetti.

Entre estos, y de los que se puede comprobar su existencia, figura el túnel que pasa por debajo del Parque España, desde calle Sarmiento hasta la antigua Estación Rosario Central, hoy abierto al tránsito de vehículos. Otro es el que cruza el subsuelo del parque Urquiza, dejando ver una de sus bocas por detrás de la estatua del Labrador.

Por otro lado, a fines siglo XIX, en algunas de las zonas de la costa los barcos que llegaban se encontraban con que no tenían la estructura necesaria para llegar con la cubierta a los muelles. Por esto, desde 1905 a 1911 se realizó un relleno de toda la barranca y muchas construcciones quedaron debajo de lo que hoy es la avenida Belgrano.

Esto explica la aparición de casas antiguas, con sótanos y túneles en la zona de la Bajada Sargento Cabral que asustaron a los obreros. “Estas vías subterráneas que llegaban hasta el Paraná probablemente fueron hechos en el momento del relleno para poder comunicar el almacén Rosental con el río y así transportar su mercadería, creo que nada tienen que ver con el contrabando”, agregó el arquitecto.

La realidad siempre desengaña. Pero el desencanto nunca destruye el mito. Estos mitos se refuerzan con otros que aparecen como sus soportes, siempre apuntalados de la realidad que los originó. Otra realidad: las leyendas transitan por la calle de la ciudad, solo hay que pararse en una esquina y esperarlas. No hay que tener miedo de encontrarlas, escucharlas, tampoco es necesario destruirlas, no le roban nada la verdadera historia, sino que le dan un toque de color y misticismo, porque son sólo eso, leyendas.

Más túneles

Según diferentes especialistas, son muchos los túneles que se extienden por debajo de las veredas y calles de Rosario. Diferentes debieron ser sus finalidades y motivos de construcción, secretos que aún quedan por develar.

Algunos de ellos son:

  • Desde la calle San Lorenzo al 1000, donde existió el edifico de la ferretería Chiesa Hermanos, hasta la zona del puerto.
  • Desde el edificio en donde funcionó el II Cuerpo del Ejército, en Córdoba y Dorrego, hasta la actual Facultad de Derecho.
  • Otro túnel aseguran que comunica la morgue de la Facultad de Medicina con el Hospital Provincial Centenario al que se le relaciona un terrible asesinato.
  • Dos colegios también contarían con este tipo de comunicación subterránea: el Santa Unión, de Salta y Ovidio Lagos, con el San Patricio, Salta al 2600.
  • El desaparecido historiador rosarino Wladimir Mikielievich, en su libro “Memorias de Rosario”, relata como al burdel de Pichincha “Gato Negro”, hoy Suipacha al 100, los visitantes llegaban atraídos por el rumor de que una de sus habitaciones escondía la entrada a un túnel que, según les contaba una de las jóvenes mujeres que allí trabajaba, tenía su salida en las vías del Central Argentino a la altura de la calle Vera Mujica.

(Nota publicada en el año 2005 en la revista Cablehogar)

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2 thoughts on “LEYENDAS URBANAS DE UN MUNDO SUBTERRÁNEO

  1. estoy haciendo un trabajo de investigación sobre los túnel de Rosario, muy útil la información. Lastima que no hizo una investigación seria, muy lindo tema

    1. Hola Vanesa, disculpá pero no logro interpretar tu mensaje…no entiendo si la información de mi nota es útil o poco seria, de todas formas no olvides citar la fuente si decidis usarla para tu investigación. Saludos y gracias por pasar por mi espacio.

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