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Por Carina Toso para enREDando

Camina lento. Pero no es tanto la edad lo que marca el tiempo de sus pasos, sino una intensa tranquilidad que no se puede dejar de percibir en sus gestos, su sonrisa, en su mirada. Esos pies que caminaron tantas veces las plazas, que otras tantas corrieron, otras pisaron fuerte y muchas otras se arrastraron por el desánimo. Pies cansados por el recuerdo de tantas rondas. Ahora acompañados por un bastón. Según ella misma dice, hoy las Abuelas lo usan porque “siempre caminamos, nunca nos arrodillamos ante nadie”. Pies que la mantuvieron en una lucha que ya lleva 38 años. Que la sostuvieron mientras levantaba sus brazos y alzaba su voz pidiendo por la vida de su hija Laura, por los hijos de otros, por su nieto apropiado, por todos los nietos robados. Pies que dieron pasos dolorosos hacia la tumba de su hija. Pies que dieron pasos felices y apurados para abrazar a su nieto Guido. Estos son los pies de Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo.

Y una vez más caminaron por Rosario. En esta oportunidad para recibir el título de Doctora Honoris Causa de la Universidad Nacional de Rosario por su trabajo en la organización que preside y por su compromiso personal con los derechos humanos, la identidad y el proceso formativo de los jóvenes. El acto se realizó en el Espacio Cultural Universitario (ECU) de San Martín 750. El salón estuvo repleto y la emoción, las lágrimas y los aplausos acompañaron en todo momento las palabras de la Abuela.

El acto estuvo encabezado por el rector de la Universidad Nacional de Rosario, Darío Maiorana, acompañado por el decano de la Facultad de Humanidades y Artes, José Goity.

“Han organizado este acto para distinguir un trabajo que no es mío sino de las Abuelas en su conjunto y yo diría de la sociedad argentina también. Me da un poco de pudor y un poco de vergüenza tantas alabanzas. Pero estos mimos hacen bien y nos ayudan a seguir. Yo siempre digo que soy una mujer común, que hago lo que quiero, lo que debo y lo que siento. No es que un día me iluminé y salí con un grupo de amigas a formar un club. Sino que hubo una fecha que me marcó y marcó a la Argentina, el 24 de marzo de 1976, donde comienza la última dictadura cívico-militar”, afirmó ante el auditorio Carlotto, tras recibir su reconocimiento.

Durante casi media hora Estela se dirigió a todos los presentes que en un inmenso silencio seguían cada una de sus palabras, muchos con un nudo en la garganta. “Como la vida tiene un límite, hemos aprendido a empezar a formar nuestros relevos, nuestros reemplazos. De ese grupo de mujeres a las que la dictadura llamó locas, y dejó caminar pensando que nos íbamos a cansar y nos íbamos a ir a llorar con el temor y el miedo a nuestras casas, el tiempo hizo que ya vayamos quedando pocas. Hay que incorporar el relevo. Y qué mejor que los nietos encontrados, que son la representación de sus padres, la continuidad de aquellos deseos de justicia social. En nuestra comisión ya tenemos nietos para nuestro reemplazo. Pero siempre decimos que mientras exista una Abuela va a mandar la Abuela por supuesto”, dijo.

La mirada se le ilumina cuando habla de su nieto Guido, a quien pudo abrazar por primera vez el 5 de agosto del año pasado. Fueron 36 años de esperarlo. Fueron 36 años de caminar y caminar en busca de respuestas. “Cuando cumplí 80 años me cayó la ficha de la mediatez de la vida, y como creyente que soy empecé a rogarle a Dios no morirme sin abrazarlo. Y Dios me escuchó, me escuchó el pueblo, y me escuchó el nieto. Por eso vino. Eso nos demuestra que hay que tener fe, confianza, en uno mismo primero y en el otro después. Hay que tener paciencia y saber caminar con el amor de un lado y la paz del otro. Aunque tarde, la reparación llega. Por eso ahora le pido a Dios dos cosas, que como me dio una puede darme dos más: que me deje vivir bastante para seguir abrazándolo, y que los brazos y regazos vacíos de mis compañeras de la cotidianeidad tengan algún día la posibilidad de abrazar a ese nieto tan buscado”, dijo Estela.

Casi cuatro décadas de lucha

En una conferencia de prensa previa al acto, Carlotto hizo un repaso por su vida y su lucha. Recordó además a la abuela rosarina Darwinia Gallicchio, quien fue la referente de Abuelas de Plaza de Mayo en la ciudad y falleció en 2008. También analizó el panorama político ante las próximas elecciones.

“Si hacemos un recorrido en la historia de nuestra lucha, empezamos a trabajar corriendo los riesgos que fueren en dictadura. Hicimos reclamos ante los depredadores yendo a la plaza. Ya en democracia pensamos muy inocentemente que íbamos a dejar de ser una institución para pasar a ser colaboradoras porque el Estado iba a hacer todo lo que estábamos haciendo nosotras. Los responsable de tanta masacre fueron condenados por el Nunca Más pero después vinieron las leyes de impunidad y tuvimos que convivir con los asesinos. Vino el indulto que también fue una ofensa para todo el país. Pero llegó el gobierno de lo que se llamó la década ganada, y en esto no hago apoyo a partidos políticos sino a gestiones. Cuando una gestión es buena y un gobierno hace cosas buenas, venga de donde venga, nos guste o no, uno tiene que aplaudirlas. Hemos avanzado muchísimo con la caída de las leyes. Hoy los juicios se están realizando en todo el país. Los asesinos están siendo juzgados y condenados en cárceles comunes. Se empezó por lo más fundamental que son los uniformados. Ahora consideramos que es tiempo de poner la mirada en los civiles que han entregado y facilitado la muerte de muchísimos argentinos”, expresó Carlotto.

Ante el panorama electoral, las manifestaciones de candidatos que hablaron del “curro de los derechos humanos” y de que “hay que mirar para adelante porque lo que quedó atrás ya pasó”, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo fue contundente: “El salto que estamos dando es muy positivo, es un camino que no tiene retorno. Un camino, que ante las próximas elecciones y ante quien gobierne por voluntad del pueblo, lo vamos a mantener para que no se retroceda un paso, para que se siga avanzando como hasta ahora. No les vamos a permitir una marcha atrás”.

En estos 38 años, Estela vivió situaciones que nunca esperó que se cruzaran en su vida y no se las desea a nadie. La muerte de su hija Laura, la búsqueda de su nieto a quien hace recién pocos meses tiene a su lado y cada una de las acciones que llevó adelante junto al resto de las Abuelas, fueron hechos que como mujer la transformaron definitivamente. Gestaron una personalidad que lejos de buscar venganza o responder con violencia al desgarro que desató la última dictadura militar en su familia, siempre deja a quienes tiene a su alrededor un mensaje de paz, lleno de amor y bondad: “Era una mujer que estaba muy confundida, estaba en la vereda de enfrente de la realidad de mi país, festejando lo que no debía festejarse nunca porque así me había formado la historia. Yo nací en el ’30, me crie con dictaduras, leíamos los periódicos que mal informan o desinforman. . Lo digo claramente para que no vuelva a repetirse esta historia de la antinomia. Pero aprendí de mis hijos. Las sonrisas de Laura, de Claudia, las explicaciones del porqué de su lucha me convencieron, y más que decirles nuevamente no hagas, les decía cuidate, cuídense. Y los cuidamos a todos. Pero la hora llegó y Laura no volvió. Voy a decir algo que parece absurdo. En este camino duro y triste, pero con el premio de los nietos que encontramos, y de haber podido cambiar de esa equivocación feroz de estar en la antinomia a ser una mujer de lucha, le agradezco a la vida a pesar del dolor. Porque una hija asesinada y enterrada va contra la ley natural de la vida. Ese dolor no se acaba nunca. Pero si uno lo transforma en lucha lo soporta. Absurdamente digo gracias a la vida, porque puedo dejar algo, que no me voy como aquella señora que era y que estaba en un lugar equivocado”.

Por los nietos que faltan

Cuando a Estela le preguntaron si le gustaría que las Abuelas de Plaza de Mayo ganen el Premio Nobel de la Paz, no tardó un segundo en responder: “El Premio Nobel para nosotros es encontrar un nieto. Es un premio recuperar a quien está perdido”. Y reiteró un pedido que viene pregonando desde que sus pies comenzaron a transitar el camino de su lucha: ayuda para encontrar a esos nietos y nietas que faltan. Un mensaje que no deja de repetir y que es necesario repetir.

“Hay dos caminos para poder encontrar a los nietos que nos faltan: uno que los que saben o vieron algo nos lo digan. Contar la información que tengan para que nos ayuden a encontrarlos. Y el otro, es dirigirnos a los jóvenes que tienen la edad de nuestros nietos, que tienen 35 o 36 años y que tienen adentro una duda que no encaja. Que no se queden con esa sensación, que vengan porque los estamos esperando con mucho amor”, concluyó.

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